Funes se convierte cada verano en “la capital de los perros abandonados”

Las Protectoras de animales de Rosario y sus alrededores manifestaron que siempre que hay una crisis económica las mascotas de estos dueños irresponsables se convirtieron en una de las variables para ajustar la situación económica, y a causa de la pandemia hubo un gran aumento de animales abandonados.

Instituciones proteccionistas denunciaron que durante la pandemia aumentaron los abandonos de animales, muchas veces de raza grande o viejos. Entre las razones, rankean alto las relativas a condiciones socioeconómicas, por lo que cuesta alimentarlos, porque los dueños perdieron el trabajo en los últimos meses o porque se mudaron a una vivienda más chica y no se los pueden llevar. “Cuando hay crisis económica, los animales son variable de ajuste”, afirma Verónica López Nordio, presidenta de la ONG Protectora Rosario.

Para la activista, se evidencia mucho por esta época la falta de atención veterinaria y la irresponsabilidad de las personas en cuanto a mantener dentro de sus casas a los animales. “Mucha gente adopta el cachorro y después lo deja en la calle, y no gasta en vacunarlo, lo que trae como consecuencia moquillo, y eso es multiplicador de abandono, porque al animal enfermo nadie lo quiere”, explicó. López Nordio calcula que en Rosario hay unas 50 mil mascotas en situación de calle o semi domiciliarios, y de cada 10 animales, solo dos consiguen hogar para toda la vida.

“El que no puede cuidar, no debe tener. Tener un animal compañero es una elección. Hay gente que tiene celulares de alta gama y no es capaz de llevar el animal a vacunar. Tampoco los cuidan para que no se reproduzcan, teniendo un servicio como el Imusa (Instituto Municipal de Salud Animal) que en pandemia solamente dejó de castrar durante una semana. Después abandonan las cajas de cachorros, a veces enfermos de moquillo”, se quejó la animalista, con mucha indignación.

Para Cecilia Marina, voluntaria de ONGs en Red, entre los que cometen abandono “puede haber gente que se ve obligada o que sienta que no tienen otra opción porque no le alcanza y no puede sostenerlo. Algunos perdieron su trabajo y la están pasando mal. Es una posibilidad, pero yo sinceramente no creo que sea un justificativo. Lo he visto en todos los momentos económicos de este país, con sus altibajos. Pero muchos lo usan para escudarse”, opinó. Y apuntó la historia de una rescatista que denunció tres veces en el centro territorial a un vecino que dejaba a su perra sin alimento ni agua en el balcón, sin obtener respuesta. “Le fue a decir al tipo que lo iba a denunciar, y la sacó a la vereda y la dejó ahí como si fuera un trapo”, relató.

¿Qué se puede hacer para que no se cometan abandonos? “Parece mentira, pero todo se reduce a concientizar desde pequeños y esterilizar masivamente. Todos los problemas que tienen que ver con el abandono animal y el exceso de población se solucionan con esos dos pilares”, apuntó. Marina cree que esta es “la única forma de evitar que sigan muriendo de hambre, de enfermedades, atropellados y demás miles de animales que son víctimas de la indiferencia del Estado”.

En ese sentido, recordó que hace casi 2 años se viene presentando un proyecto de castraciones masivas, sistemáticas, gratuitas, universales “que propone el mismo sistema utilizado en diversas localidades del país, entre ellas Funes, en donde han logrado disminuir de manera significativa el número de animales de compañía en la calle. Rosario, en tanto, se niega a modificar el actual sistema que conlleva la necesidad de pedir permiso al Colegio de Veterinarios”, lamentó.

Responsabilidad   

Daniel Rinaldi, director del Imusa, afirma que durante la pandemia esperaban “una catástrofe” respecto del abandono y falta de adopciones, pero finalmente no fue tan grave, a pesar que la situación de desentendimiento por parte de algunos propietarios de animales se mantiene. “Es una situación muy visible, que viene ocurriendo desde siempre, pero se incrementó desde mediados de 2018 donde de la mano de la crisis económica del país vimos como aumentaba el requerimiento de servicios del instituto”, explicó.

Sin embargo, la población que hoy tiene la institución (hay unos 125 caninos entre las dos sedes) refleja que se ha podido manejar la demanda. El veterinario subraya que hay “un fuerte trabajo sobre animales rescatados, a quienes brindamos asistencia pero siempre por la solidaridad encuentran un mejor lugar que el encierro o la calle”. Respecto de los que abandonan, sostuvo que “es fácil sacarse el perro de encima”, y que la condenable conducta “tiene que ver con nuestra responsabilidad como ciudadano, ya que es no reconocer al otro, que es un ser vivo portador de derechos y sintiente”.

En ese sentido, Rinaldi recordó que “el perro es ciento por ciento dependiente del humano y nos acompaña desde los albores de nuestra sociedad, desde cuando empezamos a ser un colectivo tribal”. Por eso, insistió con un mensaje de “responsabilidad y solidaridad”, para “dejar de lado el individualismo y no dejar desamparado al desvalido, algo tan propio de la sociedad de consumo actual. Eso es lo que va a contribuir al desarrollo y progreso de una sociedad”, culminó.

Funes es cada verano la capital de los animales sueltos

Proteccionistas marcaron que Funes se convierte cada verano en “la capital de los perros abandonados”. Es que todos los años, entre febrero y marzo aumenta de manera exponencial la cantidad de animales sueltos, en su mayoría abandonados por turistas golondrina de la ciudad que los compran o adoptan para las fiestas, y luego deciden no llevárselos de vuelta a su hogar.

La gente se los lleva de vacaciones, y al irse los dejan. Entre febrero y marzo se ve aproximadamente un 30 por ciento más de perros en las calles de Funes. Pasa todos los años. Ves perros cerca de la ruta, en los barrios, muchos cachorros que ya tienen 6 meses y los consideran grandes”, cuenta Cecilia Marina, que se crió en la vecina localidad.

“Todos los años pasa lo mismo, después de las fiestas Funes queda lleno de perritos, se piensan que son un juguetito para el nene. La gente de Rosario viene a pasar el verano y usar el perro un rato. Un asco”, se indignó una rescatista. Otra mujer del lugar cuenta que hace 2 años tuvo que hacerse cargo “de la perrita que había traído un tipo que alquilaba en la esquina de mi casa, en barrio Los Solares. La trajo, se alzó y la preñaron. Cuando se enteró, la dejó tirada en la calle. Pobrecita, ella seguía yendo a buscarlos a la puerta y se la cerraban en la cara”, contó con dolor.

No son los únicos testimonios en primera persona. “Tuve 12 perros, todos rescatados de vecinos que abandonaban. Al punto que una noche nos tiraron dos cachorros por arriba del portón, porque sabían que los cobijábamos”, recordó una vecina de la zona de la garita 12. “El año pasado, en la casa de al lado alquiló una familia que vino a quedarse una semana desde año nuevo. Tenían 5 hijos y un cachorrito. Se fueron y dejaron el perro adentro de la casa. Tuvimos que pasarnos y rescatarlo. Los denuncié y ni pelota me dieron”, contó una vecina del barrio Aldea, en el límite entre Rosario y el jardín de la provincia.

Según apuntan las voluntarias, el municipio de Funes tiene un buen control poblacional, con un sistema de esterilización bueno y económico. “La protectora trabaja muy bien. Pero la gente sigue siendo una porquería. Yo he visto casas que se alquilaban, que cuando se iban dejaban los perros a dos cuadras, o dentro de la misma propiedad”, cerró Marina.

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