Jeep descontrol en Aguadas: tarde de caos y tensión

En el Día de la Madre, un conductor al volante de un vehículo tipo militar irrumpió a toda velocidad en el country Aguadas (Funes), chocó cartelería y amenazó a guardias. Hubo familias y niños presentes. Vecinos reclaman sanciones y mayor control interno.

Jeep descontrol en Aguadas: según testimonios vecinales, alrededor de las 16 del domingo 19 de octubre, un hombre condujo a gran velocidad por las calles internas del barrio cerrado, golpeó carteles y mobiliario, insultó a personal de seguridad y puso en riesgo a otros residentes. El episodio ocurrió en plena siesta del Día de la Madre y frente a familias con niñas y niños.

Propietarios que se encontraban en el predio relataron que el conductor —con su familia a bordo— realizó maniobras erráticas, invadió sectores parquizados y pasó muy cerca de autos estacionados. “Fue como ver autitos chocadores, pero de verdad y con chicos arriba”, describió una vecina. La situación derivó en gritos, corridas y pedidos para que el vehículo se detuviera, sin éxito inmediato.

El hecho se registró dentro del country Aguadas, en Funes, el domingo 19 de octubre, cerca de las 16. Testigos aseguran que parte del recorrido quedó filmado por celulares y cámaras internas. El material se viralizó en grupos del barrio y reavivó discusiones por las normas de convivencia.

Aguadas es uno de los barrios cerrados de mayor densidad residencial en la ciudad, con circulación peatonal y vehicular simultánea los fines de semana. Por eso, vecinos piden reforzar la señalización interna, los límites de velocidad y el protocolo de intervención de la seguridad privada. El caso abre un debate local: cómo prevenir conductas temerarias en espacios privados con tránsito de uso común.

Vecinos consultados señalaron que el mismo conductor habría protagonizado episodios previos de manejo agresivo dentro del barrio. “Ya lo hizo con otros vehículos, siempre violento”, expresó otro residente. No hay hasta el momento una constancia pública de sanciones anteriores del consorcio.

“Fue un momento de desesperación; había criaturas mirando todo sin cinturón”, dijo una residente que presenció la secuencia. Desde la seguridad interna, de manera extraoficial, indicaron que se intentó detener el vehículo y que se labró un informe para las autoridades del barrio.

Resta establecer si hubo denuncia policial formal, si intervino el Comando Radioeléctrico o la Guardia Urbana local, si se practicó test de alcoholemia, la cuantificación de daños y qué medidas adoptará el consorcio (multas, suspensión de acceso, acciones legales). También falta determinar si el material de cámaras internas será aportado a la justicia.

Más allá de la viralización, el caso expone un problema serio: normas claras, control efectivo y sanciones que disuadan. ¿Qué cambios implementará el barrio —y la ciudad— para que no se repita?

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