Papini asume, pide licencia y acelera la reforma del Estado en Funes

El concejal electo tomará posesión y solicitará licencia por el receso para terminar el diseño de una estructura municipal más moderna y austera. La jugada, avalada por Santacroce, busca llegar al recinto con resultados cerrados y no a mitad de camino.

Papini pide licencia en el Concejo como parte de una estrategia de gestión: asumir la banca, apartarse durante el receso legislativo y volver en marzo con la reforma del Estado municipal cerrada técnicamente. Según fuentes del Ejecutivo, el intendente Roly Santacroce le pidió personalmente que terminara ese trabajo antes de incorporarse de lleno al recinto, con el objetivo de ordenar procesos, ahorrar recursos y dejar lista una estructura más ágil para 2025.

La maniobra es breve en tiempo, pero ambiciosa en alcance. Papini viene liderando desde la Secretaría de Gobierno un rediseño que apunta a simplificar organigramas, fijar responsabilidades claras, digitalizar trámites y priorizar servicios críticos. La licencia —que durará lo mismo que el receso— no altera la representación institucional, pero evita frenar equipos y documentos técnicos que están en etapa final. En el oficialismo repiten un argumento sencillo: mejor debatir modernización con algo probado que con un PowerPoint.

Las críticas, previsibles, ya aparecieron: “Si fue electo, debe estar en la banca”. En la vereda opuesta responden que no se trata de eludir el cargo, sino de completarlo con valor agregado: llegar al Concejo con los deberes hechos. La expectativa es que la reforma deje reglas de juego más estables para Hacienda, Compras, Obras y Control, con menos burocracia, más transparencia y metas medibles.

El cálculo político también existe. Papini apuesta a sentarse más tarde para sentarse más fuerte: con una reforma firmada, manuales de procedimiento y cronograma de implementación. Si el paquete llega a marzo con aval técnico, el costo de oportunidad de estas semanas fuera del recinto podría traducirse en capital político dentro de él. Si se demora, el efecto será el contrario: licencia sin resultados y críticas amplificadas.

El oficialismo lee el movimiento como continuidad de gestión y señal a la tropa: foco en la ejecución. La oposición, como una concesión costosa que posterga la discusión pública. La cancha se inclina hacia la evidencia: en pocos meses se sabrá si la reingeniería se traduce en ventanillas menos lentas, mejores controles y cuentas más prolijas. Allí estará la vara real.

El desenlace tiene fecha: marzo dirá si la apuesta rindió. Por ahora, la jugada queda clara: una licencia corta para un objetivo largo, con la promesa de que el Concejo reciba un Estado mejor parado para el año que viene.

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