El nuevo rumbo de Fito Páez dividió al Movistar Arena entre aplausos y silbidos

Fito Páez cerró una nueva fecha de su «Sale el Sol Tour 2026» en el Movistar Arena. La presentación exclusiva de su nuevo material discográfico rompió el romance con una parte de la platea.

Fito Páez en el Movistar Arena durante su Sale el Sol Tour 2026

Fito Páez en el Movistar Arena, en una nueva fecha de su Sale el Sol Tour 2026.

Fito Páez cerró una nueva fecha de su «Sale el Sol Tour 2026» en el Movistar Arena. La presentación exclusiva de su nuevo material discográfico rompió el romance con una parte de la platea. El público reaccionó con abucheos y retiros anticipados.

Fito Páez en el Movistar Arena: una noche partida

Hay romances musicales que parecen indestructibles, pero la noche del miércoles demostró que hasta los vínculos más sólidos pueden crujir. Fito Páez regresó al Movistar Arena en el marco de su exitoso Sale el Sol Tour. Era una gira que venía surfeando una ola de nostalgia perfecta y estadios repletos. Sin embargo, lo que prometía ser una fiesta previsible de clásicos imbatibles se transformó en una velada «picada», marcada por la audacia del artista y la impaciencia de su propio público.

El concierto de Fito Páez en el Movistar Arena comenzó bien arriba. Promediando la mitad del show, la complicidad era total: los himnos coreados a una sola voz y el estadio convertido en un torbellino emocional. Además, uno de los puntos más altos de la noche se dio con la irrupción en el escenario de Fabiana Cantilo. Juntos entregaron una versión desgarradora de «Fue amor» que erizó la piel de los miles de fanáticos presentes. Hasta ahí, el libreto ideal.

El punto de quiebre

El clima cambió drásticamente cuando Fito Páez decidió patear el tablero y adentrarse en su faceta menos complaciente. Decidido a defender su presente artístico, el músico se volcó a presentar de forma extendida las canciones de su nuevo álbum. En consecuencia, rompió el clima de «grandes éxitos» que el Movistar Arena demandaba.

A medida que se sucedían los temas nuevos —ajenos todavía al ADN popular de la masa— la energía en las tribunas del Movistar Arena empezó a enfriarse. Lo que comenzó como un murmullo de desaprobación escaló rápidamente. Por otro lado, en varios sectores de la platea comenzaron a escucharse silbidos y abucheos claros, un fenómeno poco común en las misas de Fito Páez.

«Vinimos a cantar los temas que nos sabemos todos, no a escuchar un ensayo en vivo», comentaba un plateísta indignado mientras enfilaba hacia las escaleras de salida antes del final.

El descontento no quedó solo en el sonido: se vio reflejado en un éxodo hormiga. Como resultado, decenas de personas optaron por abandonar el Movistar Arena de manera anticipada, visiblemente frustradas por el bache experimental del show.

El contraataque de los clásicos

Fiel a su estilo provocador y combativo, Fito Páez no se achicó ante la resistencia. Con el oficio que le dan más de cuarenta años de escenarios, aguantó los trapos y volvió a poner a la gente de pie. Por lo tanto, recurrió a su artillería pesada. El tramo final en el Movistar Arena devolvió las aguas a su cauce gracias a ráfagas de épica pura como «Ciudad de pobres corazones», «A rodar mi vida» y «Mariposa Tecknicolor».

Fito Páez demostró anoche que sigue siendo un artista incómodo. En este sentido, es alguien que se niega a convertirse en su propia estatua de cera, incluso a riesgo de ganarse los silbidos de su público más conservador. La gira continuará su rumbo internacional. Sin embargo, la noche del 20 de mayo en el Movistar Arena de Buenos Aires quedará marcada como el día en que el idilio total mostró sus primeras grietas.

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