El Everest guarda un mar antiguo en la cumbre: hallaron rocas marinas y fósiles oceánicos

La cumbre del Everest conserva una historia geológica asombrosa: sus rocas más altas se formaron hace unos 450 millones de años en un mar poco profundo y todavía contienen fósiles de organismos marinos. Más tarde, el choque de placas elevó esos materiales hasta el techo del mundo.

El Everest no estuvo “entero” bajo el agua como montaña, pero sí guarda en su parte más alta materiales que nacieron en un antiguo fondo marino. Los geólogos explican que las rocas de la cumbre son calizas ordovícicas depositadas hace alrededor de 450 millones de años en un mar cálido y poco profundo, y que mucho después fueron elevadas hasta su altura actual.

Esa transformación fue posible por el choque entre las placas de India y Eurasia, un proceso tectónico que comenzó hace entre 40 y 50 millones de años y que dio origen al Himalaya. La presión, el plegamiento de las capas y el levantamiento continuo empujaron hacia arriba antiguos sedimentos marinos hasta convertirlos en parte del punto más alto de la Tierra.

En esas capas de la cumbre se hallaron fósiles de antiguos organismos oceánicos. Entre los restos descriptos en fuentes geológicas y de divulgación científica aparecen braquiópodos, crinoideos, conodontos y también menciones a trilobites y ostrácodos en materiales vinculados al Everest. Esas evidencias confirman el origen marino de las rocas que hoy coronan la montaña.

Así, el Everest no solo es la montaña más alta del planeta: también funciona como un archivo natural de la historia de la Tierra. Su cima conserva la huella de un océano antiquísimo y muestra, de una manera impactante, cómo la dinámica de las placas tectónicas puede transformar un lecho marino en la cumbre más famosa del mundo.

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