Gonzalo Miranda Aguiar: «No alcanza con derribar Bunkers»

En un planeta donde la guerra militar contra el narcotráfico es un trampa hacia la derrota: ¿hay espacio para un debate distinto? Alguien compra, alguien vende y otros se enriquecen.

Esta semana la muerte de consumidores de cocaína adulterada ha desplazado a la auto promocionada narcocriminalidad rosarina. La guerra narco mata: a competidores, deudores, amenaza a autoridades, corrompe a las fuerzas de control pero es la primera vez que mata al cliente. Y eso además de inusual es complejo. Es patear un hormiguero que molestará a tobillos poderosos, un capítulo más de la obscena situación de aceptar que ese recurso ultra millonario puede abastecer a oficinas del Estado.

Gonzalo Miranda Aguiar realiza un profundo y empático análisis a la columna de José Garriga Zucal de la revista Anfibia que se anima analizar otros planos de lo ocurrido con la droga adulterada que produjo la muerte de más de 20 argentinos. Hacemos nuestro el título porque sintetiza las simplificaciones en las que cae el Estado para abordar el tema del narcotráfico, las adicciones y la criminalidad.

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